La señora Isabel N. Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, resucitó el chotis de Agustín Lara. Sí, Madrid, “en México se piensa mucho en ti”, pero no por el “sabor que tienen tus verbenas” sino por la superlativa ignorancia de la señora Díaz Ayuso. No daba crédito a su mensaje, por videollamada, emitido en el tenebroso cubil de Mar-a-Lago, durante un aquelarre de la ultraderecha internacional. La periodista devenida en política y figurón en el Partido Popular español, incendia el fervor fascista poniendo a Estados Unidos (bajo el régimen trumpista, claro), como “faro” de la libertad, exaltando la fraternal relación de EEUU con España, y prácticamente coronando a Trump como príncipe de la hispanidad (rey no, o todavía no, Chabela ya tiene a Felipe). De paso, fiel a la agenda fascista internacional, incluye a México en su catálogo de presuntos “narcogobiernos”. La sonrisa de la presidenta Sheinbaum, entre ironía y fastidio, fue la mejor respuesta a la arrogante fascista española.
Díaz Ayuso olvidó rápidamente que, así como le pasó a México a mediados del siglo XIX, el reino de España también fue invadido y despojado por Estados Unidos. “Remember the Maine, to Hell with Spain!”, coreaban los magnates periodísticos Randolph Hearst y Joseph Pulitzer en 1898 impulsando el expansionismo gringo y a sus feroces multimillonarios. Así Estados Unidos dio el tiro de gracia al Imperio Español; de paso, se quedó con Puerto Rico y Guam, y temporalmente con Filipinas y Cuba. Sobre la “hispanidad” trumpista, supongo que la señora incluye sólo a los españoles o, más específicamente, a los madrileños (“Madrid es España dentro de España”, dice Díaz Ayuso). Obviamente le importan un carajo los países latinoamericanos y los pogromos violentos que les aplican los sicarios personales de Trump, la “Migra”, ICE.
A Díaz Ayuso se le ha visto muy activa emparentándose políticamente con Trump y su despotismo. Aunque sólo es presidenta de un pedacito de España, se codea con otros entenados fascistas de Trump que gobiernan, ellos sí, países enteros. Ha sido particularmente cariñosa con el espeluznante presidente gaucho Javier Milei; incluso también le ha otorgado su medallita. No sé exactamente cómo pueden equipararse ambos gobiernos, ni si los madrileños sean felices con el gobierno de Isabel, pero en lo que respecta a los argentinos no creo que adoren a Milei. No me extraña el halago de la madrileña en Mar-a-Lago; es lo normal en esos conciliábulos. Todos deben humillarse ante el “emperador naranja” de alguna forma. Pero ¿sólo un halago y una medallita que, además, no tiene el nombre de Trump? ¡Qué barato! En el sínodo fascista de Florida al que convocó Trump no estará Isabel Díaz (o no debería estar), ya que es una cumbre de presidentes verdaderos; sería como incluir a un párroco en un cónclave. De hecho, quien tendría más relevancia en esa cumbre abisal, sería el infumable Milei, cuyo progreso en vandalizar la democracia ha sido enorme, y cuyo proceso en la enajenación de Argentina avanza firme.
No sé qué pensarán los ultraderechistas mexicanos sobre la reciente reforma laboral impuesta por Milei. Sin entrar en muchos detalles, se trata de: jornada laboral de 12 horas diarias (72 semanales); sueldo dinámico, es decir, variable a criterio del patrón; pago en especie; sin derecho a huelga; indemnización por despido a costas del trabajador; no se pagarán horas extras, se intercambiarán por horas laborales. Sé de algún empresario mexicano, moroso profesional y aspirante a presidente, que lo verá como una maravillosa reforma, e incluso le parecerá corta. Me encantaría saber qué opina la admiradora panista (por ahora) de Milei, Lilly Téllez. Lo que me parece una casualidad histórica, es que mientras Milei hace retroceder siglos los derechos laborales de los argentinos, en México se avanza en el tema hacia la semana laboral de 40 horas. Para los mexicanos es una esperanza, aunque nos queda todavía pendiente revisar el retroceso neoliberal en el sistema de pensiones, una herida abierta, sangrante, hemofílica. El futuro de los ahora jóvenes, está en riesgo.
En España no sé cómo sea el régimen laboral, pero ya tienen semana de 40 horas. Me dio mucha risa el comentario del diputado español Gabriel Rufián, que dijo desde la tribuna parlamentaria a sus homólogos (“Señorías”) de derecha/ultraderecha, que un migrante acumula más historial laboral que ellos. En México, la clase política define el sistema laboral. La decisión llega a través de acuerdos donde el bienestar de la base trabajadora debe ser la prioridad, porque un sistema laboral sano implica una mayor productividad. Los intereses de los patrones también importan, pero no se trata de obtener más ganancias a como dé lugar sino de que empresa y trabajadores funcionen coordinada y cordialmente para obtenerlas. Si fuéramos “comunistas” como pregona estúpidamente la ultraderecha, no habría necesidad de eso. Tal vez por eso el comunismo existe sólo en la teoría y en el discurso mendaz fascista. ¡Hasta China ha matizado su “comunismo”! En México, con una economía en riesgo pero estable en medio de la tormenta mundial que ha desatado Trump, el diálogo entre el régimen y los empresarios ha sido difícil, pero ha fluido y concretado acuerdos. No son la mayor ni única aspiración de los trabajadores, pero es un avance consistente con sus necesidades. No he visto protestas de trabajadores contra la semana de 40 horas, y creo que no las veré. Espero, eso sí, la furiosa resistencia local de trumpistas y ultraderechistas. Evidentemente no representarían ni a la clase empresarial, y mucho menos a la clase trabajadora.
Con Milei no hubo concertación. Ya ha convertido a la economía argentina en un lupanar para solaz de los grandes capitales extranjeros. Ahora, con el abaratamiento de la mano de obra y la pulverización de derechos laborales, Argentina puede ser más atractiva para el inversionista extranjero. Pero Argentina no es China. Los “comunistas” chinos bajaron salarios pero cuidaron de que las propias empresas foráneas tomaran la iniciativa de aumentarlos y mejorar las condiciones laborales. Los “zurdos” asiáticos cuidaron que buena parte de las ganancias generadas en China fortalecieran su banco central. Milei, en cambio, sólo sabe rezar ante el altar de su dios anaranjado, pedir préstamos, rematar territorio y recursos del país, comprometer la soberanía, e implantar el feudalismo contra la clase trabajadora… y cantar horriblemente. Díaz Ayuso y Milei, hermanos de sangre cainita, son, como dice el refrán “el tres pa’l ocho”. Para los mexicanos, no vale la pena desmentir a la españolita ni enfrentar a Milei. Ambos personajes son apenas deyecciones del paquidermo naranja, y detritos del viejo fascismo que resucita pudriéndose más. Acaso no debemos perderlos de vista… aunque tendremos oportunidad de ver a la galería moderna de enemigos de la humanidad en la próxima cumbre trumpista en Florida. Muero de curiosidad por ver ese faraónico evento y los tributos que le ofrecerán a Trump. Milei debería seguir el ejemplo de Corina y regalarle también su medallita madrileña. Para esa parodia de mesías fascista, los reyezuelos magas se pueden omitir el incienso y la mirra, con el oro será suficiente.