“Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos
llegar a ello por el camino más complicado”
George Sand
Me parece increíble que cosas tan simples como el repartir boletos gratuitos para un festival por el Día del Niño se convierta en toda una crisis de gobierno.
Ayer se les armó un borlote afuera de Palacio de Gobierno pues convocaron al público a acudir a recoger boletos para el evento que el Gobierno hará en la Arena Monterrey con motivo del Día del Niño, pero resulta que en un brevísimo lapso los boletos se acabaron, dejando con un palmo de narices a un montón de personas que exigían una entrada.
Más grave aún, que cuando los inconformes buscaban alguna de manera de hacerse de un ticket, apareció en redes sociales una publicación anunciando boletos para ese festival a un pecio de 400 pesos. O sea, clarito, bien clarito, la reventa aprovechó se hizo de un montón de entradas para venderlas.
Todo esto tiene su origen en una evidente falta de planeación y desconocimiento del comportamiento histórico, las capacidades, espacios y logística necesarios para poder manejar el evento en si mismo.
Muerto el niño hay que tapar el pozo, pero diese la impresión de que en el Gobierno poco o nada les interesa congratularse con los inconformes.
Son complicados y les gusta hacer las cosas más complicadas, pensando que con ello dan la apariencia de que trabajan mucho y que sólo ellos conocen los secretos más profundos del tristísimo papel que les toca desempeñar en esta puesta en escena.
¿De verdad sería muy complicado habilitar escenarios alternos, gimnasios, auditorios, recintos, a los que se pueda transmitir en directo en festival y en los que también puedan, vía control remoto, participar los asistentes en las rifas y regalos que van a dar?
Y soñando, que al cabo no cuesta, bien podrían también montar escenarios y pantallas en otros municipios como Linares, Sabinas Hidalgo o Galeana y que también esos niños tomaran parte en las dinámicas, porque también tienen derecho ¡carajo!
Pero no, no se les da eso de pensar y no es algo que puedan ir a comprar por litro o por kilo a la tienda de la esquina (juro que no les había ocurrido ir a preguntar siquiera).
Hacer más cosas con menos dinero debería ser una norma inamovible de los gobiernos, pero no, aquí es como muchas otras cosas, todo al revés, hay que hacer lo menos posible y que cueste lo más caro que se pueda pagar.
Me parece increíble, insisto, el nivel de incapacidad que han alcanzado y lo más grave es que no son los empleados de base, sino los nuevos nuevos jefes, esos que llegaron a través de la recomendación, con cero experiencia pero con un buen padrino, los que realmente provocan todos estos problemas por su insensibilidad y falta de oficio.
Lo bueno es que ya falta menos. Esperemos que los siguientes sean tan sólo un poquitito mejores.