Era muy popular, además de usual, ver colgado en las paredes de los hogares cristianos obviamente, un pequeño letrero que anunciaba: “Donde hay fe hay amor, donde hay amor está dios, donde está dios, no falta nada. La pérdida de fe en nuestras vidas significa no tener esperanza e ilusión de que podríamos ser menos infelices.
Aunque no deseáramos amalgamar la existencia con el cómo nos sentimos experimentando un desánimo y tristeza por las torpes decisiones que toman los personajes que nos gobiernan, después de que fuimos nosotros mismos los responsables de haberlos elegido.
Cada ocasión que vemos apoltronado en su curul convertido en trono celestial al gandul Adán Augusto López, intocable, magnificente y todopoderoso, luego de haber sido exhibido como semejante sinvergüenza con el evidente escudo de la señora presidente, nos revolvemos en la amargura y la rabia. Después vemos a Cuauhtémoc Blanco golpeador y violador de mujeres, sin otra gracia que saber pegarle a una pelota, haberse convertido en alcalde, gobernador y luego legislador, nos ponemos a elucubrar, ¿eso merecemos?
Y así contando, a Lenia Batres ministra de acordeón balbuceando sin poder hilar ni leer con decencia un escrito que un estudiante de secundaria lo haría mejor, y que para colmo será ella la próxima jefa de la manada; a un ministro presidente que no rebuzna porque no sabe la tonada y a su otro ejemplar femenino de la jungla judicial que brindó la más reciente perla discursiva de su escasa materia gris, aduciendo que las personas fecundadas “in vitro” NO formaban parte de la familia. ¡Haiga cosa!
A un Alejandro Moreno todavía jefe de la tribu tricolor luego de haberle sido descubierta una fortuna inexplicable con fama de ladrón y pésimos antecedentes. A Gerardo Fernández Noroña que de ser un abyecto corre ve y dile de cocodrilo, golpeador por excelencia y porro de vocación, ocupa una curul con demostraciones de ser un sicario verbal contratado por “la compañera presidenta”
También luego de enterarnos de la captura, bueno no, asesinato, bueno no, atrapado y muerto por accidente en el traslado, cuento macabro que NADIE se traga, del pobrecillo Mencho que su único delito era ser el narco más poderoso facilitador de recursos para los gañanes de morena.
Un sistema de gobierno de colita de caballo que apoya protege y defiende a cínicos diablos deshonestos como Layda Sansores, Américo Villarreal, Alfonso Durazo, Rubén Rocha Moya, Samuel García, Rocío Nahle entre los más corruptos e ineficientes funcionarios en el país, responde con frecuencia: ¿dónde está la acusación? Para que exista una carpeta debe haber una denuncia y no la hay, es solo nota periodística.
Remata la señora de palacio nacional manteniendo a Jesús Ramírez Cuevas ayer vocero de cocodrilo, hoy jefe de asesores, después de haber sido señalado con imputaciones graves de huachicol fiscal de donde salían los recursos millonarios para mantener en el poder a los morenos y naturalmente cebadas las billeteras de unos cuantos. Yo al menos, ya perdí la fe y no veo por dónde podría llegar el hombre que, si no nos salvaría, de perdido hacer las cosas menos desaseadas.
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