Si usted no ha adquirido el popular libro “Ni venganza ni perdón” que escribieron al alimón Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Meléndez esperando una carnicería que le mantuviera al filo de la butaca y con el alma en un hilo conociendo cosas secretas, sanguinarias e inenarrables, ni para que gaste porque se va a decepcionar, parodiando al perro Bermúdez, esperando un cañonazo, resultó un tirititito.

Julio enseñó lo que su tótem sagrado le enseñó, la lealtad es el valor intrínseco más importante en la vida, reiterando la fórmula mágica para la toma de decisiones, sobre todo escoger al amigo, al compadre, al colaborador, desde el más notable de tus esbirros hasta al más modesto abrepuertas que te bolea los zapatos con la trillada fórmula de 90 porciento lealtad y el 10 de capacidad.   La experiencia, conocimiento e inteligencia, son factores de poca notoriedad.

Por ese motivo, a Julio no le preocupó faltar al principio fundamental del periodista: honestidad, libertad y cojones para plasmar la verdad en un escrito, cámara o micrófono, por un sencillo razonamiento, es hijo de periodista, pero él NO es periodista, en el caso de Jorge que sí lo es, algo tiene que haberle picado para prestarse a un proyecto que parecía monumental y resultó un ridículo guisante, porque habló de todo, enjuició a muchos, sentenció a todos, menos al que debería y no se tomó ni la molestia de maquillarlo, simplemente no lo mencionó, dejándolo en la catedral con las flores multicolores encendidas, cuando debería haberlo dejado en el mausoleo.

Es más grande una tormenta en un dedal que el vendaval que esperábamos, porque, insisto, se pronosticaba un ciclón y es solo un vientecillo que nos refresca los talones y la guerra encarnizada entre dos potencias, resultó una farsa de dos de tres sin límite de tiempo entre el Santo y el cavernario Galindo, donde ya sabíamos quién iba a ganar y los que prometieron matarse, media hora después del combate, libaban alegres y abrazados unas cervezas en la piquera más cercana de la Arena Coliseo.

Salvo la evidente diferencia entre Scherer y el hombre poderoso del gabinete, ayer y hoy, Jesús Ramírez Cuevas que hoy está en boca de todos por la manchada de imagen por la liga entre él, Sergio Carmona el rey de huachicol y Américo Villarreal corrupto gobernador de Tamaulipas, podría asegurarse que todos cruzaron el pantano como el ave Fénix, sin mancharse el plumaje, porque la batalla diaria de la pobre colita de caballo es cómo defiende lo indefendible.    Ramírez Cuevas, se queda y ¡punto!

Ahí tiene ustedes el show montado por el cínico patán Marx Arriaga, que no sabemos si calificarlo de barato y de circo de colonia o una caja china para tapar otras barbaridades, porque no hay autoridad capaz, incluyendo a Claudia de poner las cosas en su lugar sacando al controversial Arriaga, llegando al paroxismo de “negociar” un consulado o embajada para un revoltoso llevándose entre las patas al servicio exterior mexicano, a los diplomáticos de carrera y a la patria misma para que el mundo se entere que una representación de México, se cambia por un kilo de tortillas

Refiriendo al libro recordé el bello poema de Manuel Benítez Carrasco: “Ni rencores ni perdón”       ¿Rencores, por qué rencores? si no le va a mi señorío, guardarle rencor a un río que fue regando mis flores…

“Ni venganza ni perdón” está lejos de tener el mínimo brillo que el del poeta español.

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