Comprensiblemente, no he leído el libro Ni Mentira Ni Perdón, que firma Jorge Fernández Menéndez en coautoría con Julio Scherer, de economiástico apellido, pero que según entiendo es la transcripción de una entrevista con el hijo de quien encabezó lo que para mí fue la marcha de la dignidad, por Paseo de la Reforma en 1976, luego de que Luis Echeverría decidiera ahogar al periódico Excélsior.
Debe decirse que Scherer hijo, fue el primer consejero jurídico de Andrés Manuel López Obrador, y se supone el Pepe Grillo que le susurraba a la oreja sobre asuntos importantes. Suponiendo que el señor de Macuspana estuviera dispuesto a escuchar sugerencias. Yo no lo creo.
No voy a hacer cola en mi librería cercana para comprar un ejemplar, que por cierto cualquiera que sea su precio de venta al público será una mentada de madre a la inteligencia; en un país que necesita leer libros, cualquiera de ellos cuesta tres salarios mínimos.
La confesión tardía del hijo del revolucionador de Excélsior, no hace más que documentar lo que todos sabíamos: la complicidad permanente del aparato de estado con el crimen. Se llame el gobierno PRI, PAN, MC, o como le dé su rechingada gana. Simplemente, son una ralea.
Para mí lo más inquietante e importante, es el desvelo del papel prominente que tuvo y tiene en el aparato del poder don Jesús Ramírez Cuevas, actualmente jefe de asesores de la señora presidente con A de Patria, y quien fuera el comunicador primario de Andrés López Obrador, para quien inventó y manejó todo el tiempo -y creo que lo sigue haciendo hoy- las mañaneras presidenciales.
Scherer abre un amplio curso de pistas a la delincuencia organizada o no, aliadas o asociadas, con el gobierno de López Obrador.
Si le faltan pendientes, señora presidente, aquí hay uno.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas):
Una caricatura del genial Jabaz en Milenio, la semana pasada, mostraba al doctor muerte, alias López Gatell, viendo la tele en donde se informa que no hubo vacunas para el ataque del sarampión, que a mí me dijeron hace cincuenta años ya no existía en mi país.
La reacción de nuestro representante ante la Organización Mundial de la Salud es “ah chingao, creo que fui yo”.
El estado mexicano no tiene idea del daño social que hizo el becado en Suiza.