El mundillo de la política mexicana tiene el grave defecto nacido de su complejo de inferioridad, de que no hay novedad en el frente. Para sacudirse, necesita de vez en cuando que un medio extranjero, político o de comunicación, le ponga delante un espejo y le cuente sus verdades. En ese momento acude al legado de sus gobernantes actuales y anteriores: la polarización bíblica. Estás conmigo o estás contra mí. Y defiendo mi convicción como gato boca arriba; ineficazmente, puesto que por lo general el espejo es lo que es.

La semana pasada el semanario inglés The Economist publicó una pieza bajo el título ”Poder de Papel”  analizando el gobierno mexicano. Su tesis es la incapacidad de la señora presidente con A de ejercer el poder que nominalmente ostenta, y enumera una serie de obstáculos que doña Claudia no ha podido vencer. Lamentablemente, los argumentos son sólidos.

Esencialmente, el pasado pesa.

No se trata solamente del aparentemente irrompible cordón umbilical de la presidente con su antecesor y padrino, que va más allá de la vehemencia con la que expresa su respeto y admiración cada vez que puede: la principal herencia que recibió es que no hay dinero.

No lo hay por tres causas. La enorme deuda legada por los caprichos de López Obrador. Va a pasar un buen tiempo para que los mexicanos terminemos de pagar las indemnizaciones por la cancelación del magnífico aeropuerto de la Ciudad de México, cuya construcción estaba avanzada. Durante un período mayor, el erario -eso es nuestra lana- va a tener que ser usado en parte considerable para mantener el Tren Maya, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, y la refinería llamada Olmeca, por mencionar las tres grandes cifras.

No hay dinero. El crecimiento de la economía mexicana en el 2025 fue de 0.8%; el Fondo Monetario Internacional pronostica para este año el 1.5, cuando mucho. No hay dinero, porque la política fiscal que sigue intacta, y no aporta ingresos suficientes para solventar el compromiso de los demagógicos programas del bienestar, compra disfrazada de votos, que si esto sigue como va, para el 2030 no va alcanzar la cobija para todos. Esa misma política fiscal, medrosa de acabar con el mercado informal y con la gran evasión que deja el facturaje impide cerrar el hoyo.

Junto con ello, la inversión privada no quiere arriesgar su dinero. Y no me extraña. La reforma judicial y los cambios en la estructura electoral dejan en claro que el Estado mexicano quiere jugar con las reglas del casino: la casa siempre gana. En las elecciones, en los juicios mercantiles, en todo.

El pasado pesa.

La tradicional corrupción y la política de abrazos no balazos, propiciaron durante seis años el fortalecimiento del crimen organizado. Tan bien organizado está, que logró permear lo que le faltaba de las estructuras de gobierno, particularmente a niveles estatal y municipal. Y no solamente en el ámbito policíaco. Hay varios gobernadores que saben de esto.

De ahí que la cereza de este pastel sea el clima de inseguridad y violencia que abastece diariamente a los noticiarios y periódicos con tristes recordatorios de nuestra realidad.

Claro, The Economist expresa las ideas de la derecha internacional que no soporta la cuarta transformación.

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Desde luego que sería ingenuo de mi parte apelar a mis paisanos aficionados bravos al futbol, que recodaran esta noche lo que sus, y mis, padres llamaban la buena educación.

Que por su madrecita santa, y por el interés económico de evitar sanciones de los pudibundos dirigentes del futbol nacional y mundial, se abstuvieran de emitir ese grito homofóbico que tanto les acaricia el gaznate.

Sería como sugerirle a Cuauhtémoc Blanco que deje de ser patán, y llegue al estadio como los demás cristianos, o seres de cualquier denominación, a pie.

Además,¡Putooooo!,  en la tele, se oye de la chingada.

felixcortescama@gmail.com