La arrogancia de Waldo Fernández es comparable con el común denominador de los hombres que gozan de fortuna económica. El escándalo que trae entre manos no tendrá otro resultado que la derrota, aunque le asista la razón y haga sonar el violín de la ternura desgarrándose las vestiduras implementando y suplicando el perdón por el trauma que le debe haber causado a sus hijas por el amargo sabor de boca.

Suponiendo, del verbo supongar, que la niña con dinero haya cometido la estúpida idea de inventar una falsa y fea historia, nadie, va a hacer causa común con el senador del Verde Ecologista ahora enlistado en la maquinaria de Morena porque vivimos en un país matriarcal donde las féminas tendrán siempre la razón, aunque no la tengan.

Si a esto le suma que como chivo en cristalería se aventó contra todo el mundo considero que es doble tontería porque el calibre de su escopeta no es tan poderoso como para matar elefante, tigre y hormiga con el mismo disparo.  Lo mismo que le sucedió a Samuel el mentiroso, de pelearse con: los medios, legisladores, partidos, críticos y hasta con una señora que no hablaba inglés.

Le recuerdo a Waldo que se puede engañar a todos algún tiempo, se puede embobar a unos todo el tiempo, pero NO se puede engañar a todos todo el tiempo.  Solo le cambia el verbo de engañar, por el de pelear.

Siendo abogado, debe estar consciente que se está dando un balazo en el pie y al alborotar el avispero no tan solos está metiéndose con Pedro Arce el encargado de despacho de la Fiscalía antes que llegara Javier Flores y ante la pregunta burda que hizo frente a las cámaras, ¿Qué no sabía quién estaba detrás de Karina Barrón? no sé si la hizo por tonto o despistado, porque no es difícil imaginar cuales despachos jurídicos mueven el pandero en la localidad.     ¿O realmente no sabe señor senador?

No sabrá quienes son Filiberto de la Garza, la ralea de Luis Carlos Treviño Berchelmann, que siendo decente poco puede hacer por detener a los abogados que se les puede etiquetar de todo, menos de tontos ni desleales.

Viene la marcha de las mujeres y te adelanto Waldo, que no te dejarán vivo y te recuerdo que si piensas que has ganado, estás equivocado, hay victorias que aun levantándote la mano, estás perdido y de mi te acuerdas, hay batallas que se ganan con el silencio, pero eso, no se te da.    Ahí será pa’ la otra.

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