Yo no tengo particular afecto por los animales llamados de compañía o mascotas, con las que seres solitarios procuran agenciarse afectos mediante el truco del perrito en el parque. Confieso que en algún tiempo de mi juventud temprana lo intenté; con éxito.

Tampoco odio a esos pobres animales a los que se les priva de un terreno natural y abierto, en donde puedan convivir y cohabitar con los de su especie libre y sanamente. Simplemente me dan lo mismo y respeto a sus propietarios, siempre y cuando no metan sus bestias a mi casa, mucho menos a que peluchen en mi cama.

En ese entorno me encontré con la historia de la senadora morenista Maricela Gutiérrez Escalante, del estado de México. Fue alcalde de su natal municipio de Tecámac entre los años 2019 y 2024.

Lo más importante es que doña Maricela confiesa sin tapujos, y hasta con cierto orgullo, que durante su ejercicio como alcalde de Tecámac mandó matar a diez mil perros callejeros de su municipio. Algunos malquerientes dicen que la cifra se acerca a los catorce mil. Dejémoslo en diez mil.

En su defensa, la senadora esgrime la eutanasia social. Los mató porque eran perros ferales, que atacaban, convirtiéndose así en un problema social. Para ahorrarles el viaje al diccionario, diré que un animal feral es aquel que, habiendo sido domesticado alguna vez, regresa por instinto a sus hábitos salvajes, fieros. El hábito de tener que luchar por la comida no los apacigua mucho.

A pesar de que principio estoy de acuerdo en la muerte asistida, cuando ciertas circunstancias de dolor insoportable y certeza de una cura imposible se reúnen. Aún así, no estoy convencido plenamente de la eutanasia en humanos. Imagínense con perros.

Por otra parte, me pregunto si no seríamos una raza mejor, si una parte pequeña de lo que gastan los que tienen perrhijos en apapachar a sus animalitos, los destinaran a dar de comer a los niños que, con los mismos perros, tal vez compartieron un domicilio.

PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Hay gran preocupación en México por la resonancia que pueda tener en el flujo de turistas hacia nuestro país luego del incidente encima de la pirámide de la Luna de Teotihuacán, que dejó una turista canadiense asesinada y un país patas arriba del miedo, con el agresor “abatido”, que así se les dice a los muertos.

Peor ha sido en los Estados Unidos, que en situaciones como la actual, el Departamento de Estado se apanica y manda un ”Travel Advisory” -que es una sugerencia para el viajero- sobre las áreas que debe evitar.

México está con frecuencia en esas sugerencias, y la causa es evidente: nadie quiere que le devuelvan a sus familiares en estuche de madera, víctimas de una violencia que conocían solamente en las noticias.

Entre las sugerencias de la oficina de Marco Rubio se advierte evitar 17 estados mexicanos, incluidos dos que serán subsedes de la Copa del Mundo de Futbol: sólo si llegan a sus capitales por avión pueden llegar tranquilos.

Esconden muy bien la cabeza en la arena estos avestruces.

Los Estados Unidos son el país con más frecuencia de asesinos seriales, drogos, locos o las dos cosas a la vez, que una buena mañana sacan sus rifles y cartuchos y se lanzan a matar niños, familias, policías, señoras, lo que se ponga enfrente. En todo el territorio.

Van a un Walmart donde los latinos hacen su compra o a una prepa a la que asisten como alumnos, a matar profesores y condiscípulos como el orate que hace exactamente 30 años y un día, el 21 de abril de 1999 asesinó a balazos a doce alumnos y un profesor, en su escuela de Columbine, Colorado.

Precisamente este hecho, según papeles en sus bolsillos, fue la inspiración del señor Julio César Jasso Ramírez, cuya intentona fue por suerte frustrada.

felixcortescama@gmail.com