1 Hace años, en una cena con amigos y compañeros de trabajo, la sobremesa tocó el tema de un asunto político. El gobernador en turno y el arzobispo tenían una situación un tanto tensa… ya ni recuerdo la causa. Insólito, porque el gobernador era panista y, al menos entonces, el panismo reinero se alineaba pública y privadamente con el clero católico. Rescoldos de la vieja clase empresarial devota del papa León XIII y su encíclica “De rerum novarum”. En algún momento me preguntaron sobre quién se impondría: ¿gobernador o arzobispo? Mi respuesta fue que la Iglesia Católica tenía siglos haciendo política, el PAN sólo unas cuantas décadas. El resultado era obvio. Y así fue. El clero mexicano nunca dejó de hacer política. Ni la Constitución de Cádiz, ni las Leyes de Reforma, ni la dictadura “liberal”, ni la Revolución Mexicana lo impidieron. Tradicionalmente asociados a la derecha conservadora, con “garbanzos de a libra” abiertamente de izquierda, y muchos verdaderos sacerdotes-pastores que desesperadamente trataron (y tratan) de llevar los Evangelios a la práctica con humanismo y humanidad, no con dogmas ni amenazas infernales. El problema de la Iglesia Católica, otras iglesias y hasta gobiernos, es el orden vertical. El poder en alguna cima absoluta o parcial tiende a deteriorar la jerarquía que encabeza. Entre más fuerte es el líder, más pesa sobre el castillo de naipes, más rápido colapsa, y eventualmente estabilizará sobre una horizontal caótica, popular o permeada por la oligarquía laica y/o clerical. En México hemos tenido cacicazgos políticos episcopales o cardenalicios, y pastorazgos liberales. El clero católico siempre se adapta.

 

2 Veía una vieja serie de la TV española sobre la vida de Carlos I de España, y V del Sacro Imperio Romano Germánico. En algún momento, su maestro y regente de Castilla, el cardenal Adriaan Floriszoon, fue elegido Papa. Pero Adriano VI abrió su pontificado deslindándose de los pleitos de Carlos con Francia e Inglaterra. En la serie (ficción) Carlos hace una rabieta y vocifera que Adriano le debe a él su elección. Adriano duró poco, pero pudo ser un buen Papa; era un político experimentado y un reformador. No es tan errado afirmar que un monarca impuso a un Papa. Sucedió muchas veces. Y no tardé en asociar la rabieta imperial con la rabieta presidencial de Trump, aunque sea absurda. Es evidente que Trump no tiene idea del alcance político y social que tiene un papa con el sólo hecho de serlo… incluso entre los no católicos. No tiene siquiera qué decir ni una palabra. Trump abrió un nuevo frente en su destructiva guerra contra todos y contra todo, o eso es lo que él supone. La guerra cultural emprendida por Estados Unidos contra la Iglesia Católica en América es casi centenaria. La expansión de las “Trece Colonias”, definida en la “Doctrina Monroe” (América para los americanos), no sólo ha usado las armas, la sedición y la economía. Hay una norma implícita: América blanca y cristiana reformista (evangélica). Esta guerra cultural de Estados Unidos tiene una larga data, y nunca ha dado marcha atrás. Los misioneros han tenido éxito, la Iglesia Católica ha perdido millones de fieles americanos, pero siempre queda el pequeño problema de la fe. Ese reformismo yanqui promueve la disciplina jerárquica hacia su clero, pero anima la consciencia y el libre albedrío. Las iglesias evangélicas no están diseñadas para impulsar “cruzadas”; con sólo intentarlo se divorcian de sus principios. Igual en la Iglesia Católica, aunque lo entendieron demasiado tarde.

 

3 La maldición del siglo XXI se desató sin duda con la Internet. En la “Web” estamos construyendo nuestra Torre de Babel donde la confusión no son los idiomas sino la disociación del signo lingüístico. El significante no siempre corresponde al significado, y el significado es volátil. Un discurso de Donald Trump es ejemplar de este fenómeno. Pero hay otros casos que no creó él sino que nos han sido inoculados durante décadas. Sigue habiendo personas, incluso instruidas, que equiparan o igualan el sionismo a pueblo y religión judíos. Se sorprenderían al saber que hay más sionistas cristianos que judíos. El sionismo cristiano se consolida en el siglo XIX, más organizadamente en Gran Bretaña y Estados Unidos. Y es en Estados Unidos en donde se ha infiltrado como doctrina social y política desde los púlpitos de las iglesias reformistas. Hoy se manifiesta en el “nacionalismo cristiano”, esa aberración política y blasfemia religiosa que domina en el régimen trumpista y que profesa abiertamente el secretario de Defensa (“guerra”), Pete Hedget. Pero… no puede haber movimiento más antisemita que el sionismo cristiano. Se justifica en muy cuestionables interpretaciones de la Biblia. Su objetivo es forzar el “regreso de Cristo” cumpliendo supuestas profecías como el retorno del pueblo judío a Tierra Santa, el Armagedón, y la conversión de los judíos al cristianismo reformista, es decir, la eliminación total de la religión judaica. Con algunas variantes mínimas, esos son los propósitos del nacionalismo cristiano, siempre bajo la premisa del apoyo total al estado de Israel, y “enriqueciéndolos” con racismo, discriminación y sacralización de la violencia.

 

4 La confrontación de Donald J. Trump con el Papa León IV no me parece casual, ni una ocurrencia vesánica de las típicas en el presidente gabacho. Encaja perfectamente en el impulso expansivo del fascismo sionista internacional, y especialmente con el sionismo cristiano estadounidense. Trump no inventa un arma para su expansionismo, toma una que ya se usa con probada eficacia. Querámoslo o no, la religión es un factor importante para la estabilidad social y política. América es un viejo objetivo del sionismo cristiano gringo, y ha tenido avances importantes en casi un siglo de su labor de zapa. Llevar al Papa León IV al escenario del escándalo pretende debilitar los liderazgos políticos dentro de la Iglesia Católica que, ¡cómo no!, tiene también sus propias termitas en el purpurado y el mitrado. Trump y sus sicarios piden al Papa que no haga política. ¡Imposible! León no puede evitarlo porque la doctrina cristiana, católica y reformista, es operativamente una doctrina social, y la política es una consecuencia de una sociedad organizada. La famosa foto de Trump asistido en oración por una manada de “pastores” cristianos no es hacer política, es manipular la fe, la devoción como chantaje. Y es paradójico que en ese momento se muestre a los pastores santificando al lobo. San Francisco de Asís nunca lo hubiera hecho. Trump miente descaradamente en sus acusaciones contra el Papa; las respuestas de León podrán ser muy evangélicas, pero tienen contundencia también a nivel político. Trump no sólo es uno del “puñado de tiranos” que, “fortiter et suaviter”, León denuncia como depredadores del mundo, ¡Trump es todos ellos!: “Mi nombre es legión”, Marcos 5:9. Si volviera Jesús no tendría corazón para imbuir estos demonios en una piara… Los cerdos, sucios y holgazanes, al menos sí son comestibles.

 

5 Este fin de semana ha sido especialmente confuso y caótico. Mientras Trump anuncia la apertura del estrecho de Ormuz, Irán afirma lo contrario. Trump presume haber terminado una enésima guerra (“Alto al fuego” es una pausa no un fin), pero las hostilidades de Israel en Líbano y Gaza continúan, y Siria y Turquía están a la defensiva. Trump asegura que Irán aceptó entregarle todo su uranio enriquecido, pero Irán dice que ¡ni madre! Y por si hubiese dudas, Trump advierte que Estados Unidos seguirá bloqueando el estrecho de Ormuz, pero manda “negociadores” a Pakistán…. ¿O sea? El infame presidente gringo no liberó a Ormuz; promete tropas que no tiene y pacificación que no existe; presume haber destruido la armada iraní, pero hace unos días la armada iraní expulsó a dos destructores gringos del estrecho. Trump, como suele hacer previo a los fines de semana, emite declaraciones inciertas para jugar con los mercados, especialmente el precio del petróleo y las divisas. Es estúpido, pero muy real, que los mercados mundiales se aferren a esperanzas efímeras no a datos duros. Y es más estúpido que reaccionen con optimismo a las palabras de un comprobado mentiroso compulsivo que, además, ha desmantelado la economía estadounidense, tiene a su país a milímetros de una recesión y virtual guerra civil, y parece imposible que este año pueda detener la inflación. Sin embargo, con tantos frentes abiertos contra casi todos los países y organizaciones del mundo, con el rechazo mayoritario de los estadunidenses a sus decisiones, declaraciones y políticas, Trump sigue bendecido por un cristianismo sionista corrompido por el odio, apoyado por un partido Republicano servil y cobarde, y amparado por una suprema corte de justicia más cínica y parcial que la que padecimos en México con la siniestra ministra Piña. Su enfrentamiento con el Papa León IV no es uno más, es el mismo que surge del paroxismo clínico de una ultraderecha que usa operativamente el fanatismo sionista. Los “magas” que aún siguen a Trump ahora lo elevan a los altares, equiparándolo con Jesús y coronándolo con la tiara apocalíptica de un antipapa. No creo que Trump sea el Anticristo, pero definitivamente sí es un excelente nuncio antiapostólico.

 

PD: En una supuesta entrevista con un rabino, él pregunta que si Estados Unidos desea tanto establecer el Estado de Israel sionista, ¿Por qué no le cede Florida? Real o falsa, la pregunta es muy sensata.

Frase casual de una serie policiaca gringa; un terrorista dice sobre Estados Unidos: “Este no es un país, es una empresa”.