“No hay inocentes, sólo distintos grados de responsabilidad”
Stieg Larsson

Algo debe andar profundamente mal en los gobiernos para que la Tesorería General del Estado se vea precisada a enviar un boletín de prensa advirtiendo a funcionarios municipales que ellos no están enviando mensajes vía Whats App para pedir cantidades de dinero para liberar recursos estatales o agilizar trámites.

Y digo que las cosas deben andar mal porque a estas alturas del partido me parece inconcebible que un funcionario de gobierno, por muy tonto, lerdo, menso, zonzo, bruto, torpe o inútil que sea, pueda caer de manera inocente en un engaño como ese.

Los corruptos y ladrones son eso, corruptos y ladrones, no tontejos que dejan pruebas en un mensaje de Whats App.

Vieja práctica en muchas dependencias de aquí, de todo el país y de muchos otros sitios en el mundo, la de “aceitar la máquina” o “destrabarla porque trae atorados algunos billetitos”, pero siempre a la sombra, con discreción; nada de hazme una transferencia a tal cuenta y menos dejando rastro en mensajitos.

Y si la Tesorería tuvo que emitir un comunicado fue porque muy seguramente uno, varios o muchos servidores públicos municipales cayeron en el garlito, lo cual deja en evidencia que son inocentes por ingenuos y al mismo tiempo no son tan inocentes por ser servidores públicos desleales al cometer actos indebidos, así sea para liberar recursos de sus municipios.

Ya imagino la llamada telefónica: “Oiga, le llamo para saber cuándo nos van a hacer el depósito de los recursos; ya le mandamos la cantidad que nos pidió por Whats App a la cuenta que nos indicó”. Y la reacción de: “¿Y ahora cómo le explico al jefe que me vieron la cara de imbécil y me birlaron tantos miles de pesos?”.

Pedir públicamente que no caigan en el engaño es una acción desesperada para evitar siga ocurriendo la estafa, porque seguramente lo intentaron investigar y no han podido dar con la identidad de los pillos de siete suelas que se han dedicado a engañar a los inocentes funcionarios municipales que, actuando de buena fe, han creído en su palabra y han cometido un delito al distraer recursos de sus respectivas arcas.

Por mucho que los discursos aseguren que la corrupción ha desaparecido, esto no es verdad y lo que hoy narramos es una muestra de ello.

Ese “pellizcar” los recursos existe desde siempre, pero se da mucho antes y en otros niveles, además de que, repito, no se pide por mensajes de teléfono celular.

Ni tan inocentes unos como tampoco los otros; el episodio es una historia de vergüenza por la ingenuidad de una parte, el descaro de otros personajes y la incapacidad para ubicar y detener a unos simples rateros.

Podremos estar en el Siglo XXI, pero hay cosas que en México no cambian… ni cambiarán.