¿Por qué no asistió la señora presidente con A de patria al aquelarre convocado el sábado pasado por Donald Trump, en el club de golf que tiene en el barrio de Doral, en Miami, para proclamar su alianza militar de las Américas, armada, claro, para que todos los países americanos estén prestos para atacar a los narcotraficantes dondequiera que se encuentren?
Hay dos versiones, y ambas pueden ser ciertas: el gobierno mexicano, el de Brasil y el de Colombia no fueron invitados. Este fue un club de Tobi, en donde sólo se admiten gobiernos de la extrema derecha, como el de Argentina o el de El Salvador; ninguno que huela a izquierda, como Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia o la mexicana.
La otra es que la señora Sheinbaum no quiso ir, lo cual es muy válido también.
En su largo discurso, el pelipintado se refirió a doña Claudia en términos melifluos: tiene una linda voz, es una señora guapa. Pero, acto seguido, repitió que el narco domina gran parte de nuestro territorio.
Lo cual es innegable.
Los otros dos oradores en el acto, ellos muy breves, fueron el Secretario de Estado Marco Rubio, futuro virrey en Cuba, quien en español les dijo a los latinoamericanos, que no eran socios de Estados Unidos, sino amigos. El otro fue más breve, el Secretario de Guerre, Pete Heghset, quien dejó claro que se trata de una alianza militar con todas sus consecuencias.
Fue él quien se refirió que todo esto es parte de la nueva doctria Donroe, actualización de la Monroe, de América para los americanos. Donald, Donroe, ya saben.
Es la primera vez que un presidente de los Estados Unidos admite que América es un grupo de países, desde Canadá hasta el extremo de Chile; hasta ahora, América quería decir solamente US.
La doctrina Donroe va mucho más allá de querer sustituir a la inútil Organización de Estados Americanos, entidad simplemente retórica, por una alianza de ejércitos y armamentos encabezada por el Comando Sur de sus fuerzas armadas o por el Norte. Da lo mismo.
Sin que se conozca los detalles del articulado que Trump firmó con el respaldo de los presidentes y primeros ministros de doce países, desde toda Centroamérica hasta José Antonio Kast, el derechista presidente electo de Chile, que asume el cargo en un par de semanas.
Más allá del boato y la solemnidad, la ausencia de tres países fundamentales para las Américas, Brasil, Colombia y México, hace este pacto frágil: primero por su inspiración injerencista.
Si al comando sur de la armada norteamericana le parece que hay que atacar a los narcotraficantes en Badiraguato, Medellín o Rio Grande do Sul, podría ordenarlo. Soberanía, independencia y derechos humanos son, a estas alturas del partido, términos obsoletos, inoperantes en la doctrina Donroe.
PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Ayer fue el día internacional de la mujer.
Es una fiesta de cuño reciente, pero muy respetable.
A mí me condujo a una reflexión sobre cuán afortunado ser humano soy.
Tengo una mujer, esposa, compañera de vida, excepcional. Tengo dos hijas bellísimas; tengo dos nietas, hermanas, sobrinas, amigas, y otras mujeres que a lo largo de mi ejercicio profesional y de vida han transitado a mi lado.
Admito que no todos los varones tengan esa fortuna; que les falte alguno de los elementos que he mencionado.
A ellos les digo que todos nosotros compartimos un sino inevitable. Todos los varones fuimos paridos por mujer. El don maravilloso de la vida que nos dieron, merece retribución. En forma de afecto, atención, obsequios, cuidados, lo que sea.
Pero especialmente, las mujeres merecen el ingrediente esencial del amor y la amistad -que vienen siendo lo mismo- eso que se llama respeto.
Mi afecto, cariño, reconocimiento y respeto a todas las mujeres, todos los días.