Históricamente, la manipulación de masas operaba principalmente a través de un ecosistema de medios convencionales —prensa, radio y televisión— donde la información fluía a un ritmo pausado, dictado por las agendas de grupos de interés específicos. En ese entorno, la narrativa social se movía con lentitud, permitiendo márgenes de respuesta que hoy parecen vestigios de un pasado remoto. Sin embargo, el advenimiento de las tecnologías de la información ha transformado radicalmente este panorama, sustituyendo la persuasión analógica por un asalto vertiginoso a la soberanía mental. En la actualidad, la proliferación de cámaras de eco y el diseño algorítmico no solo buscan controlar el mensaje, sino degradar la capacidad misma de discernimiento del individuo. Esta reflexión explora cómo la libertad, más que un concepto político en disputa, se enfrenta hoy a su mayor amenaza: la erosión de la autonomía cognitiva en una era de feudalismo tecnológico.

La palabra libertad ha sido secuestrada por izquierdas y derechas, todas extremas y radicales, como medio de ocultamiento a las intenciones de debilitar las democracias. Sin embargo, en la actualidad, este secuestro ha mutado hacia una forma más sutil y peligrosa: ya no solo se busca controlar lo que el ciudadano puede decir o hacer, sino degradar su capacidad misma de pensar de forma autónoma. Sin libertad cognitiva no existe democracia, y sin ambas, libertad y democracia, no existe futuro mejorado. Para el gobierno cubano, Cuba es libre (¿?).

Nada está escrito en piedra y ningún factor indica que estemos condenados a una era autoritaria como tal; no obstante, el momento es especialmente imprevisible porque el planeta se encuentra atrapado por factores que lo cambian todo, transitando de un autoritarismo de la fuerza a un autoritarismo de la psique, donde la manipulación masiva de la información busca disolver la estructura de valores y principios que antes asumíamos como nuestra “normalidad referencial”.

El mundo no se asoma a un abismo dictatorial de forma inevitable, pero el esfuerzo para que la libertad pueda avanzar y se mantenga en los lugares donde impera parece más intenso y necesario cada año que pasa (Altares, 2024). Según datos del Democracy Index, solo el 8% de la población mundial vive en un Estado del que no tiene que temer la arbitrariedad o la pérdida de su libertad personal por criticar al poder (Economist Intelligence Unit [EIU], 2024).

Pero incluso dentro de ese porcentaje surge la amenaza de la pérdida de la soberanía individual frente a sistemas de “feudalismo tecnológico” que explotan vulnerabilidades cognitivas para dirigir nuestra voluntad. La historia se saltó el guion y las previsiones optimistas resultaron fallidas.

Casos como el de las dos Coreas, divididas desde 1953, muestran cómo el autoritarismo persiste como una sombra. El reciente intento del presidente sudcoreano Yoon Suk Yeol de imponer la Ley Marcial bajo el recurrente argumento de la confrontación entre el “bien común” y la libertad, citando “fuerzas oscuras”, nos obliga a preguntarnos qué tan oscuras pueden ser esas fuerzas para justificar el despojo de la autonomía humana. Hoy, la respuesta es que las fuerzas más oscuras ya no solo están fuera, en los frentes de batalla, sino dentro de la arquitectura digital que moldea nuestra percepción de la realidad.

Nada más a los seres humanos se nos ha podido ocurrir que la libertad es algo administrable, pero así es. A diferencia de la naturaleza, donde la libertad es potencia, nosotros la convertimos en un ideal y en un principio que hoy está bajo ataque mediante la degradación de la normalidad.

Al manipular la información de forma sistémica, se rompe el consenso sobre lo que es real, dejando al individuo en un estado de indefensión intelectual. Si miramos la libertad a la luz del individuo, está claro que una cosa es la libertad al alcance de cada uno y otra muy distinta es estar en posición de ejercerla a plenitud (Bernaldo de Quirós, 2007).

Para que la libertad deje su papel formal se requiere vivirla, y eso dependerá de disponer de deseos y visiones propias, no implantadas por terceros. Esto nos lleva a concluir que, si bien todos disponemos de “libertad de”, no todos tenemos “libertad para”; hoy enfrentamos una crisis de la capacidad de discernir en un ecosistema diseñado para la distracción y el consumo de todo tipo de sesgos.

No podemos tapar el sol con un dedo frente a las tecnocracias que limitan el conocimiento o los factores económicos que excluyen a millones, pero a esto debemos sumar el asalto a la “ciudadela cognitiva”.

Las sociedades en red se deslizan hacia automatismos intelectuales diseñados por algoritmos que construyen verdades alternativas, capturando la atención selectiva. Esta degradación de nuestra normalidad referencial altera la forma en que procesamos la realidad, convirtiéndonos en sujetos vulnerables al “hackeo emocional”.

La libertad deja de existir en un mundo de dictados, sean por la fuerza de las armas o por la manipulación del pensamiento que anula lo que Hannah Arendt llamaba “el derecho a tener derechos”. Ante este escenario, es urgente reclamar la libertad cognitiva y los “neuro derechos” como la nueva frontera existencial, exigiendo el derecho a la privacidad mental y a la integridad psíquica para garantizar que cada individuo sea el único autor de su identidad.

Reclamar nuestra soberanía mental es el único camino para que el futuro no sea un dictado ajeno, sino una historia escrita por nosotros mismos. Como advirtió Voltaire (1734/2016) en sus Cartas Filosóficas, es difícil liberar a los necios de las cadenas que veneran; hoy esas cadenas son los algoritmos que nos alimentan con narrativas para polarizar. El reto del futuro será identificar estas nuevas prisiones invisibles y recuperar el derecho a pensar por cuenta propia, pues la libertad del mañana se gana hoy defendiendo la integridad de nuestra conciencia.

Referencias Bibliográficas (Formato APA)
Altares, G. (2024). La libertad en retroceso: un análisis global. Ediciones El País.
Bernaldo de Quirós, L. (2007). Individuo y libertad: los basamentos de la soberanía personal. Unión Editorial.
Economist Intelligence Unit. (2024). Democracy Index 2023: Age of Conflict. [https://www.eiu.com/n/campaigns/democracy-index-2023/]
Voltaire. (2016). Cartas filosóficas (F. Savater, Trad.). Editorial Akal. (Obra original publicada en 1734).
Ienca, M., & Adorno, R. (2021). Hacia nuevos derechos humanos en la era de la neurociencia y la neurotecnología. Revista de Bioética y Derecho. (Referencia para el concepto de libertad cognitiva y neuroderechos).