Noventa minutos antes de que se venciera el plazo perentorio que Donald Trump le había fijado a Irán, para lanzar en su contra una ofensiva devastadora sobre sus puentes y plantas eléctricas, el presidente de los Estados Unidos anunció que, a sugerencia del primer ministro de Pakistán, Miam Muhammad Shehbaz Sharif en su papel de mediador, suspendía el ataque anunciado y proponía una tregua de dos semanas a condición de la apertura inmediata del estrecho de Ormuz por parte de Irán.
El gobierno de Irán aceptó la oferta siempre y cuando cesaran las hostilidades en contra de Irán, incluyendo los ataques a Líbano.
Dice la sabiduría popular de todo el mundo que en un conflicto es preferible un mal arreglo que un buen pleito; esta paz ficticia está haciendo agua por todos lados, mientras sigue la promesa de comenzar mañana viernes las conversaciones de paz entre los Estados Unidos y el estado islámico de Irán, lo que fue Persia.
El estrecho de Ormuz se abrió según lo pactado pero pronto se volvió a cerrar, porque Israel -el socio de Estados Unidos en esta empresa- siguió bombardeando el sur de Líbano, con un saldo de 129 muertos en unas horas, lo que Irán calificó como violación al cese al fuego.
Toda paz es más o menos ficticia; toda tregua es frágil como lo está demostrando esta. Después del respiro que la noche del martes llegó de Washington, de donde suelen llegar mensajes contradictorios con frecuencia, los humanos tenemos esperanzas. Hasta el momento en que esto escribo, mañana viernes deben comenzar las pláticas entre Irán y Estados Unidos, en busca de una paz que todos deseamos y la deseamos sin la fragilidad de la tregua actual.
Según la cadena CNN, la parte norteamericana estará encabezada por James David Vance, el vicepresidente; Trump lo puso en duda por cuestiones de seguridad, pero ratificó que su yerno Jared Kushner y el enviado Steve Witkoff ahí estarán. De Vance puede que sí, puede que no. Lo cierto es que Vance es del ala más rijosa del gobierno, junto con el ministro de la Guerra, Pete Heyseth, de quien es la frase “nosotros negociamos con bombas”
En este ambiente de ilusoria paz, el presidente Trump ha sufrido en la imagen una derrota sensible: basta recordar su último anuncio: “vamos a aniquilar una civilización entera”.
No hay en la historia de las guerras del mundo, que a fin de cuentas es la historia universal, un solo estadista, guerrero, líder o potentado que haya pronunciado semejante frase.
Ni Atila el Huno, llamado el azote de Dios, quien presumía que donde pisaba su caballo no surgía más la yerba; ni Tamerlán, el turco-mongol que en Delhi y Bagdad mandó hacer torres con las cabezas de los vencidos; ni Vlad, el príncipe de lo que hoy es Rumania,, que empalaba a los prisioneros,a razón de veinte mil por turno; ni Genghis-Kan con sus pirámides de cráneos; ni Asurbanipal el neoasirio, que en relieves documentó como desollaba a los líderes rebeldes.
No, nadie se atrevió a prometer que aniquilaría una civilización entera.
Las condiciones de Irán para la paz no son fáciles de aceptar por este presidente gringo: cese total de la guerra en Irán, Irak, Yemen y Líbano: aquí respinga Israel. Suspensión de las sanciones y aranceles a Irán, ya saben de quién. Liberación de los fondos y activos iraníes que Estados Unidos tiene congelados. Pago de la reconstrucción de los daños de guerra. Dominio y administración del estrecho de Ormuz por parte de Irán. Compromiso de Irán de no hacerse de bombas nucleares.
Sí, parece una carta a Santaclós. Pero los buenos políticos saben que no se obtiene lo que uno quiere, sino lo que se negocia. Y los mortales que estamos lejos del silbido de los cohetes, pero cerca de sus consecuencias, esperamos que los contendientes acepten que más vale un mal arreglo que una buena guerra.
PILON PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas):Si a la señora presidente con A de Patria le preocupa el mal presagio económico para nuestro país, que con el actual crecimiento optimista se quedará sin dinero para sus presumidos programas sociales, debería comprender que la inversión interna y externa no vendrán en su auxilio como le dicen sus asesores.
Y no vendrán, porque para tomar riesgos el dinero necesita una certeza jurídica.
La trastada que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, consecuencia de la reforma judicial de los famosos acordeones, ha transmitido la mayor amenaza que el dinero puede recibir: una supervisión viciada, ventajosa y chapucera que no deja espacio para defenderse.
En contra de lo que había sido válido para la Unidad de Investigación Financiera, de que solamente mediante orden de un juez podía congelar los fondos y cuentas de quien violara la ley y operase con fondos de procedencia ilícita, los supremos han eliminado ese requisito.
Bastará con que la UIF tenga la mínima sospecha de que hay dinero mal habido en una cuenta, para que la mande congelar. ¿Se van a atrever con los rivales políticos como Ricardo Salinas Pliego y sus millones?
¿Cómo la ven?