“Hay quienes se consideran perfectos, pero es sólo porque exigen menos de sí mismos”
Hermann Hesse
Una de las cosas que más me apasiona de la comunicación es que nunca dejas de aprender. Con 50 años en estas lides, con mucha más frecuencia de la que se pudiese uno imaginar, me topo con novedades o, como en el caso que hoy me ocupa, con la dureza de una regla no aplicada que provoca un error.
Estoy cierto cuando digo que más de la mitad de las cosas que se publican en redes sociales son mentiras, pero eso no obsta para que los profesionales de la comunicación utilicemos las mejores prácticas.
El fin de semana en un chat de profesionales del periodismo en Whats App alguien informó del deceso de un buen amigo. Con varios días en terapia intensiva y un cuadro crítico, no había por qué dudar, fuimos muchos los que ahí hicimos patente nuestra tristeza y pesar por la noticia sin que nadie publicase nada en contrario.
No en la búsqueda de la exclusiva, como escribió por ahí algún extraviado, que ya antes otros lo habían publicado, sino como un testimonio de respeto y admiración al amigo, hice una publicación en Facebook, deseando descansara en paz. En ese post compañeros y conocidos, hicieron patente su desconsuelo por la noticia y reconocieron al periodista y amigo.
Casi 24 horas después recibo una llamada telefónica, esta de mi querida Lety Benavides quien le aclara: “Paco, Omar no está muerto, tiene muerte cerebral, pero sigue con vida”. Comprendí entonces un mansaje de horas antes de mi sobrina Estibaliz Ruiz diciendo lo mismo.
Abrumado por la pena lancé primero una aclaración, aceptando el imperdonable error y deseando que ocurra un milagro para mi amigo; después, borré la publicación del error.
Sin embargo nunca faltan quienes desde el púlpito impoluto de su teclado, dictan cátedra y se transforman en fiscal, testigo, juez y jurado, todo al mismo tiempo, para señalar con índice de fuego a quienes cometen yerros y fallos en esta profesión. Seguro ellos nunca han cometido pifia alguna en su trabajo.
Pero más muina me da el leer, debajo del post de “censor”, comentarios de personajes a los que conozco, y conozco bien, uniéndose al coro de las críticas y la deontología, cuando sobran pruebas de sus fallas, errores y traspiés, involuntarios y muchos más voluntarios, provocados por el interés económico y sin el menor recato de faltar a la verdad.
Alguna vez el Maestro Silvino Jaramillo me dijo: “No hay edición perfecta, siempre habrá algún error” y a esta parte humana del periodismo es a la que me quiero aferrar hoy más que nunca, porque la Inteligencia Artificial podrá hacer muchas cosas, pero jamás podrá imprimir sentimientos y priorizar el criterio.
Sí señor, me equivoqué y como humano y profesional admito mi error. Que bueno que mi publicación le ha dado pie a usted para que se sienta el mejor de los mejores, pero recuerde que esta es “la casa del jabonero” en la que “el que no cae, resbala”.
Omar, seguimos en oración por ti.