En una vieja película animada de los años 80, se reprodujo la tercera entrega de la saga de “El Señor de los Anillos”, de Tolkien. Es una trilogía genial, con John Huston dando voz al mago Gandalf. En la película, un ejército de orcos sale de Mordor para imponer el imperio maligno de Sauron. Contra lo que se hizo en versiones más actuales, los orcos eran chaparritos, feos, pero hasta graciosos. Malos, eso sí, pero no tontos. Como cualquier humano, elfo, enano, hobbit, etcétera, eran tan sensatos como para repudiar la guerra. En su marcha, cantan, y su canto ilustra bastante bien cómo se empolla el huevo de las guerras: “Nosotros no queremos ir a la guerra hoy. Pero el señor del látigo dice: ‘¡No, no, no!’. Vamos a marchar todo el día, todo el día, todo el día. Porque donde hay un látigo hay un camino. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha… Porque somos esclavos del señor de la fuerza oscura (Sauron). Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha…”
En la más reciente versión de Peter Jackson (2003), también marcharon los orcos hacia la Puerta Negra… la de Mordor (“Morannon”) no la de los Tigres del Norte. Estas huestes de Sauron no fueron como las de la cinta animada. No eran graciosos ni chaparritos; eran malos, feos, feroces y brutos. En ambas versiones los orcos, así como las varias alimañas belicosas, eran esclavos de Sauron. Se puede no estar de acuerdo con la maldad de un ser (humano o no, real o imaginario), pero debemos respetar su convicción. Han tomado una decisión desde ese agujero negro que es la conciencia. No es lo mismo cuando un grupo, pandilla, contingente, ejército, obedecen la voz del amo oscuro. La obediencia no libera de culpa, la incrementa. Decían los criminales nazis juzgados en Nüremberg que sólo obedecían órdenes. Se puede entender que un individuo sea obligado a asesinar por amenazas, pero es inconcebible que muchos lo hagan sin resistirse. Más allá de las leyes, los liderazgos, las religiones, las guerras, hay una certeza íntima que nos dice que, al asesinar, asesinamos también nuestro derecho a pertenecer a la especie humana… y a cualquier especie.
Como cantan en la Marcha de los Orcos: el látigo es el camino. Así vi yo la peregrinación de mandatarios orcos americanos (de América, no de Estados Unidos), llegando de rodillas ante su Señor Oscuro, para urdir una sediciosa alianza contra el narcotráfico. Se trata de una alianza militar, porque ninguno de los presidentes y primera ministra convocados por Trump tiene un miligramo de inteligencia y empatía como para plantear una solución integral, de fondo, y que evite al máximo dañar a los inocentes. También porque la militarización es la única fuerza que quiere usar Trump, y saben que ante cualquier rebeldía se cierne la amenaza del rabioso autócrata. Ecuador ya está teniendo su “probadita” de hiel. Así marcharon mandatarios americanos ante el Señor Oscuro: malos, feos, feroces y brutos. Podrán presumir una alianza, pero la realidad es que fueron convocados para ser investidos como sicarios oficiales de un autócrata fascista peor que Hitler. Mostraron claramente al mundo y a los ciudadanos que gobiernan, que no mandan, obedecen. Cada país representado en el “Escudo de las Américas” (Alias, Americas Counter Cartel Coalition) es un país gobernado desde Mar-a-Lago por un terrorista, Donald J. Trump, y cada presidente sicario es un prestanombres de una ultraderecha internacional que, si no lo es, sí huele muchísimo al más rancio sionismo. En breve: 17 mandatarios serviles y sumisos.
No sé si Trump mantendrá el liderazgo de la feroz mataperros, Kristi Noem. En cualquier otro caso, un funcionario que arrastrara una reputación tan nefasta como la de la ex directora de Seguridad Nacional, implicaría enviarla, o a proceso judicial o a un discreto exilio. Pero si Trump es un delincuente convicto más de 30 veces, no debe extrañar que sea tan generoso con sus iguales. Con el pasado mortífero y terrorista de Noem, ya podemos imaginar cómo dirigirá la coalición de presidentes orcos y sicarios. No nos hagamos patos, Trump tiene los ojos puestos en América como un feudo personal, y en México como una obsesión. El futuro de nuestro continente no es halagüeño. Trump mantiene su amenaza contra Canadá, Groenlandia, Cuba, Venezuela, Colombia y Brasil. Trump desorganizó la potencia militar europea. Trump mantiene viva la guerra en Ucrania. Trump ha balcanizado Medio Oriente y no, no ha ganado la guerra contra Irán y tampoco ha detenido alguna. Trump no tiene argumentos, tiene ocurrencias, amenazas, desplantes, caprichos, estafas, extorsiones y una cantidad infinita de mentiras. Trump es el peor terrorista internacional que haya conocido la humanidad, peor incluso que Netanyahu, el émulo de Hitler.
Si ya vivíamos un mundo difícil, Trump lo ha convertido en un polvorín cuyas explosiones hoy son apenas salvas de lo que podría suceder en breve. Trump y sus secuaces tanto dentro de su gobierno como en gobiernos afines, grupos simpatizantes, medios cautivos y partidos cómplices, han perfeccionado la técnica de Frank Luntz, ese estratega republicano que replanteó el uso del lenguaje como arma de manipulación. ¡Genial!, aunque siniestro. Por eso la guerra contra Irán no es guerra sino “operativo de defensa”, la reforma laboral argentina no es reforma sino “modernización”, la limpieza étnica de ICE no es eso sino “lucha contra terrorismo doméstico”, y la organización de tráfico sexual de Epstein es sólo eso y no lo que realmente es: un cártel estadounidense de alcance mundial.
Este lunes 9 de marzo, aparentemente, México fijará su posición ante la nueva amenaza de Trump contra México y contra todo América. Y no, no hay “Américas”, es una sola y no es sólo Estados Unidos. El payaso que funge como secretario de Defensa de Estados Unidos y finge como secretario de Guerra, ya ha lanzado su advertencia. Nadie sabe qué pasa realmente en la guerra de Netanyahu y Trump contra Irán. La información es poco clara y contradictoria. Los medios enfatizan pocas y bien identificadas bajas de la alianza de autócratas, y suelen sólo enumerar los cientos de bajas civiles en Irán. La guerra mediática, incluyendo las redes sociales, sólo siembra incertidumbre. Sólo podemos estar seguros que en tanto Irán ataque, no ha sido derrotado, y que el triunfalismo de Trump es ridículo considerando el costo de su “operativo” en Medio Oriente. La derrota de Trump, tal vez sólo económica por ahora, puede buscar el desquite haciendo en nuestro continente lo mismo que causó en Oriente: la balcanización y el retroceso en cualquier estrategia sensata contra los grupos criminales. El horror camina taimado por las rutas diplomáticas, por ahora. El fascismo trumpista, el más salvaje, es una amenaza real. Con Kristi Noem como cabeza de esa estrategia, podemos tener la certeza de el grado de brutalidad al que puede llegar. Los orcos americanos marchan por la senda del látigo de Trump. ¿Necesitaremos un mago para detener a este nuevo Señor Oscuro? La única esperanza que tenemos es que estos nuevos orcos americanos sólo marchan con la derecha, es decir, sólo marcharán en círculos.