Si no fuera triste, sería ridículo y hasta trivial. El sonsonete del “2 de octubre no se olvida” que escuchamos desde hace casi sesenta años les aseguro que muchos de los que salen a gritar y maldecir no tienen idea qué sucedió ni por qué, siguen culpando a Gustavo Díaz Ordaz por los acontecimientos en la plaza de Las Tres Culturas en Tlatelolco donde la ley reprimió una manifestación -supuestamente- pacífica civil-estudiantil convirtiéndola en crimen de Estado.
Pasa la fecha y los “izquierdosos de libreto”, esos que tomaban café en la farmacia Benavides de Juárez y 5 de Mayo frente al Colegio Civil, despeinados, con barba crecida e inseparable libro de Marx bajo el brazo o una revista ¡Siempre! del maestro José Pagés Llergo, sentenciaban al gobierno como represor y condenaban la intención de asesinar a los comunistas que intentaban apoderarse de las fértiles mentes estudiantiles convirtiendo nuestra nación sucursal de Cuba o Nicaragua.
Los únicos que siguen manteniendo viva la llama de esa fecha son Alberto Anaya con su Tierra y Libertad holding de la marca PT que ni es partido ni es del trabajo, pero sí, magnífico y lucrativo negocio, en este momento extorsionando y cobrando piso a una Morena urgida y necesitada del apoyo para eternizarse en el poder y “Canalla” como parásito del sistema democrático. No se ría.
Las memorables fechas que regularmente mucha gente no sabe si calificarlas como aniversario, conmemoración o celebración, porque aun siendo crimen o matanza se refieren como celebración, en el caso de los 43 de Ayotzinapa, que todavía no está claro si fue el Ejército, José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda que también jugaba el papel de amante del regordete gobernador de Guerrero Ángel Aceves, es materia dispuesta para dar pie a marchas, desmanes y quemazón de vehículos con toma de casetas de cobro, convertido en suculento negocio.
Todas esas fechas, -lo repito incansable- como el 10 de mayo que se recuerda a los que tienen madre viva para regalarle una lavadora y antes un metate para ponerla a trabajar en su fecha. Ya difunta, le llevan hasta mariachi a la tumba y se ponen una guarapeta llorando su partida. Fuera de ese día, pocas ocasiones recuerdan a la que los trajo al mundo.
Me queda claro que esas fechas las inventaron los judíos, que son, antes que nada comerciantes.
El domingo pasado celebramos a las mujeres y la pregunta obligada: ¿los demás días no es día de las damas? Para algunos despistados sacan su gato a retozar y toman el día para llevar a la esposa a comer, un regalito de ocasión y la promesa de que se van a portar bien, dejarán de tomar, ya no habrá “aquellita”, llegarán temprano y aumentarán la mesada y si el mentiroso gobierno sintiéndose culpable, lleva a un conjunto musical como la Sonora Dinamita o Banda Limón, ya la hicimos porque será día perfecto baile y con celebración de gorra.
Los que tienen que recordar algo, como la pobre mujer que, buscando a un hijo, desenterró a dos, ni la fiscalía, el gobierno de mentiroso, ni las policías de ningún color le dan abrigo y consuelo, mucho menos esperanzas de dar con los asesinos.
Eso se llama recordar, no celebrar, 2 de octubre ni 8 de marzo no se olvidan.
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