“Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la
violencia, nada construyen, porque sus simientes son de odio”
José Martí
Si ya de por sí desde hace tiempo he tenido cierta reticencia a manejar en las calles de Monterrey, en estas épocas y bajo las condiciones actuales me resulta casi imposible.
Y ese que estamos llenos de bárbaros, salvajes, trogloditas, gandules, gandallas, aprovechados, descorteses y pocos solidarios conductores (hombres y más mujeres) que se creen que las calles están hechas para ellos y que nos hacen el favor de compartirlas con el resto de los mortales, por lo que debemos comprender que se metan a la brava a la fila o que detengan el tráfico de un carril central para saltarse otro y dar la vuelta.
Lo grave y preocupante es que si no les permites cometer sus tropelías se indignan y ofenden, te reclaman y te la quieren hacer de tos.
¿Cómo no encaboronarte si con tiempo tomas tu carril y haces una larguísima fila y de pronto te das cuenta de que no puedes avanzar porque una caterva de gandules se mete a la brava en la fila? Y cuando accionas el claxon para llamar la atención y decirles que no hagan eso, no falta el papanatas que saca la mano por la ventanilla y te hace la señal de “sáltame por encima”.
Por eso son cada vez más frecuentes las peleas en nuestras calles, a mano limpia o con machete, con armas de cualquier tipo y ya sea individuales o de grupo. La inmovilidad a la que estamos sometidos, las vialidades colapsadas, la falta de apoyo de agentes viales, pero sobre todo la falta de empatía, no para ceder el paso, sino para acatar y seguir las reglas, de los conductores, son las que conforman un caldo de cultivo perfecto para que los salvajes del volante terminen echando pleito.
No quiero ver cómo será esta ciudad a partir del próximo lunes y hasta pasada la Navidad. Mejor me quedo en casa…



