Si dijera que hubo sorpresa, mentiría; la salida y entrada de Félix Arratia haciendo el enroque para suplir a Marta Herrera, hijita de Oscar Herrera, para despejarle el camino e intentar ganar la alcaldía regia que caramelo no consiguió, era una rola muy avisada como dicen los clásicos nacos, crónica de una muerte anunciada, que de paso aclaro, mucho tiene qué hacer Martita en su futuro, que es de lo poco potable del gabinete de mentiroso, mientras el peón de estribo de la familia García Mascorro, va a donde le diga el hacendado, sirviendo poco, ejecutando todo.
Lo único que si cae como gota de ácido en las partes nobles, que nunca he entendido por qué se califican de nobles, es que a Samuel le encanta meterse en problemas donde no existen, autorizó al alcalde de la capital de los tamales, “heredar” la silla temporal a la esposa en franco desafío a la orden que sentenció colita de caballo de no practicar el abusivo y execrable vicio del nepotismo y a la lógica común de no hacer cosas malas que parezcan peores, máxime cuando todos sabemos y entendemos que Arratia forma parte de la servidumbre por excelencia, aunque los resultados donde le han encomendado responsabilidades políticas no han sido del todo aplaudidas.
Recordarán ustedes el breve lapso cuando le encargaron la subsecretaría del SAT en el Estado, fue señalado y perseguido por la Fiscalía de Justicia al hacer mal uso de sus atribuciones ya que inició una persecución a los enemigos políticos de su patrón de manera burda y desconsiderada.
Poco más tarde, su manto protector, o sea el papá de Samuel, pidió a su “hijazo” de su “vidaza” lo premiara con la Secretaría del Medio Ambiente.
Llegó y no se había sentado cuando había armado un margallate ordenando desmontar la vegetación natural y necesaria que se crea en el río Santa Catarina, causando con ello, primero que le hiciera ver la SEMARANAT que es responsabilidad federal y dejando evidencia que conocía de la chamba, absolutamente NADA.
Dieron para atrás a la orden no sin antes causar tolvaneras, contaminación y ecocidio por la operación de la maquinaria al momento de talar inmoderadamente la vegetación adulta, situación que el bisoño y abyecto Arratia reconoció con la simpleza ordinaria, “nadie nace enseñado” y pues sí, tenía razón, solo que existen tontos que ni dándole tiempo y literatura, salen de la epopeya.
Pero si hubiésemos de buscar y encontrar culpables, recordemos la máxima militar de estrategia, “un hijo se da, cuando la patria lo pide” o como en el dominó, el mandado no es culpado, y este servil trabajador del despacho de Samuel García Mascorro y Asociados, solo hace lo que le ordena el hijo del patrón y se acabó, porque Félix es capaz de dejarse ensillar simulando ser jamelgo, para pasear a las infantas, con tal de dejar contenta a la realeza. ¡Así es la vida!
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