“Las instituciones pasan por tres períodos:
el del servicio, el de los privilegios y el del abuso”
René de Chateaubriand
El anuncio del Gobernador Samuel García de un precio preferencial en las tarifas de camiones para los estudiantes es una utopía, algo que existirá pero que sirve para maldita la cosa, porque el verdadero problema no está en el precio del pasaje, sino en la falta de unidades para brindar el servicio.
¿De qué sirven tarifas económicas si los camiones tardan horas y horas en pasar y cuando llegan a la mayoría de puntos vienen atestados?
Los diputados de oposición acusan que las “tarifas sociales” que benefician de la misma manera a otros grupos poblacionales ya están aprobadas, más no publicadas.
Valdría la pena hacer una encuesta entre estudiantes, maestros y trabajadores de las instituciones educativas para saber lo que en realidad prefieren: un camión barato o uno tal vez más caro, pero con mayor frecuencia de paso y comodidad para los usuarios. Estoy cierto que sin dudar optarían por la segunda, porque para ser sinceros en la actualidad a falta de unidades, los estudiantes, maestros y empleados se ven forzados a tomar taxis colectivos o de aplicación para intentar llegar a tiempo, lo que casi nunca logran.
En este punto terminas por aceptar que el transporte podría ser gratuito para ellos y tampoco serviría de nada, porque aunque no pagaran, de qué les sirve si los camiones no pasan o viene uno cada mil años?
Es increíble que existiendo tanta tecnología la Secretaría de Movilidad siga operando con sistemas, métodos y programas que no funcionan. ¿Habrán empleado algunos programas de análisis estadístico para saber los puntos y horarios de mayor demanda? ¿Por qué no concentrar más unidades a esas horas en esos sitios?
¿Por qué a cada anuncio de la incorporación de más camiones de manera directamente proporcional se ven crecer las interminables filas de usuarios en todas las zonas del área metropolitana?
No, no se ocupa un transporte más barato, es imperativo un transporte eficiente.
Y le tengo malas noticias al Gobernador: no será el Metro ni la panacea ni la solución al problema del transporte en la zona metropolitana. Podrá, tal vez y sólo tal vez, terminar siendo como una aspirina para un mal mayor, pero nada se resolverá.
Porque el problema real, el verdadero, el de fondo, no se ha atacado, porque el diseño de las rutas sigue siendo un caos que privilegia intereses económicos por encima del servicio y la atención a los pasajeros, porque sigue vigente el problema de décadas en donde unos cuantos se benefician y millones pagan las consecuencias.
Así que de nada sirve el anuncio espectacular, estrambótico y rocambolesco del pasaje a 10 pesos, porque a ese precio no arregla ni resuelve nada. Lo peor es que las tarifas sociales aprobadas por el Congreso correrán con la misma suerte.