Lo sucedido la noche del viernes en una colonia de Pesquería en donde una casa en la que acumulaban pirotecnia explotó haciendo polvo varias propiedades contiguas, es la historia de siempre, plagada de omisiones, valemadrismo y corrupción.
Porque puedo entender que en los tiempos modernos es común que no te enteres a qué se dedica algún vecino, aunque en todo barrio siempre existe una vecina chismosa que sabe vida y obra de todo el sector y se encarga de divulgarlo a los cuatro vientos, sobre todo cuando el dueño del inmueble en fiestas era dado a tronar cuetes en enormes cantidades.
Pero deje usted la pachanga, alguien tendrá que haberlo visto salir con enormes bolsas de producto a vender o que clientes llegaran a surtirse y la clásica, preguntando al no dar con la dirección, ¿sabe dónde es la casa del señor que vende cuetes?
Entonces, si uno o muchos vecinos sabían que estaban viviendo a un lado de un polvorín, ¿por qué no lo denunciaron?
O tal vez sí lo denunciaron y las autoridades no hicieron caso o a lo mejor sí acudieron pero ya sabe usted, mediante una corta feria, sencilla pero valedora, se hicieron de la vista gorda y aquí nada pasó… hasta que pasó.
Quiero ahora ver al echador alcalde de Pesquería, Pancho Esquivel, a ver si cumple su promesa de que cubrirán los daños que no pague el Infonavit a los afectados.
Porque si va a ser como las promesas que muchos políticos hicieron cuando se incendiaron los tejabanes en el barrio de El Pozo, el 2 de enero de 2022, ya estuvo que los de Pesquería se quedarán sin casa y sin quien los ayude.
Esto nos pasa por hacernos tarugos todos, empezando por la autoridad.



