“Quien todo lo quiere, todo lo pierde”
Refrán

Uno de los aspectos más difíciles de controlar al manejar una campaña política es el lograr que el candidato mantenga la disciplina y control de la agenda de temas, ya que cuando se habla de todo, todo el tiempo, casi siempre sucede que los periodistas o los opositores encontrarán declaraciones que se contrapongan.

Hay candidatos que no logran entender la inmensa diferencia entre responder y comunicar. No es igual contestar a cualquier cantidad de preguntas insulsas a comunicar posturas y propuestas de temas trascendentes que consigan agenciar votos.

Enrrollados en intentar ser simpáticos, sencillitos y carismáticos, emiten opiniones sobre cualquier cosa, sin importar si dominan o no el tema, ellos hablan con una pasmosa seguridad, aún y cuando digan tonterías monumentales.

Otro elemento de este tipo de candidatos es que centran sus declaraciones en la coyuntura, carecen de agenda y sobre la primera construyen tratados de cómo deberían ser o resolverse los problemas. Sin embargo, cuando el asunto se trata de abordar su trabajo y logros, la mayoría de las ocasiones, por no decir que todas, hablan en tiempo futuro, nunca en pasado o presente, prometen, prometen y prometen.

Los ves hasta en la sopa y en un mismo día alcanzan una infinita cantidad de temas, porque creen que hacer campaña es aparecer opinando en medios; no se dan cuenta que al multiplicar sus apariciones terminan por atomizarlo todo y al final nadie recuerda nada de lo que dijeron.

No ocupo decir sus nombres, usted los conoce, son esos que pretenden ser la novia de la boda, la quinceañera de la fiesta, el niño de la piñata y el muerto del velorio y cuando los medios no acuden a preguntarle sus puntos de vista le meten al billetito para comprar espacios y conseguir cámaras y micrófonos.

Son todólogos que a todo le tiran y a nada le pegan.