“Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara”
William Shakespeare

Dicen que “por la forma de agarrar el taco, se conoce al que es tragón” y el dicho opera de manera similar en los asuntos de la comunicación.

Te das cuenta de que el encargado de un área de comunicación, ya de gobierno, ya de una empresa, organismo o institución, no ha pisado la redacción de un medio de comunicación como profesional, desde el momento mismo en el que envía comunicados con títulos escritos sólo en mayúsculas.

Cosas de la modernidad, pero también de que el conocer del oficio ha dejado de ser un requisito para muchas empresas y gobiernos que no se enteran, porque tampoco lo saben, de la forma en que deberían hacer las cosas.

Un titular sólo en altas puede provocar serios errores porque al escribir únicamente en mayúsculas omiten además los acentos, de manera que muchas palabras se quedan sin ellos al momento se transformarlos al aspecto natural.

Platicando con uno de estos genios de la nueva era de la comunicación me decía que el boletín era sólo una guía o referencia, que los medios deberían desarrollar su nota en base a lo que ellos enviaban.

Bonita cosa, doble confirmación de que el personaje en cuestión no tiene ni remota idea de cómo son las cosas en una redacción, porque lo que nunca se tiene es tiempo y lo que es escaso es el personal; si a lo anterior le añades que ese “comunicado” tiene que entrar sí o sí porque está pagado…

Los neófitos, novatos, noveles, improvisados, le rompen su progenitora a la esencia misma del boletín, cuya misión es posicionar un mensaje de manera clara y contundente, de forma que no es simplemente consignar datos, sino el redactar de manera cuidadosa una pieza que cumpla con los estándares periodísticos y que además convenza a los lectores. Poner a la gente de cada medio a “refritear” un boletín es una soberbia mentada de madre.

Y para dejar en claro que no tiene ni idea de lo que hacen, mandan dos, tres o cuatro fotos en tamaños monumentales a través de servicios de mensajería empaquetada que te obligan a entrar a un lugar, descargar un archivo, desempaquetarlo para luego ver y elegir. No tienen noción de la relación tamaño-resolución y que no es necesario enviarlas como las envían porque nadie publicará sus fotos a doble plana entera.

En lugar de lo anterior deberían cuidar los detalles como brillo, contraste, horizonte, composición, nivel de color, definición, los cuales nunca atienden ni revisan. Un mínimo trabajo de edición favorecería su labor y promovería de mejor manera a sus jefes o instituciones.

Pero vamos, ¿quién es uno para andarles dando clases a los nuevos gurús del Siglo XXI?