Si algo he tenido que aprender a mis casi ocho décadas de haber vivido, es que la gastada perorata que tiempos pasados fueron mejores, tengo que dejarlos al margen, por lo que ahora estoy convencido, son muy diferentes. Las compras en los abarrotes donde despachaba el del tendajo, muchas cosas se vendían al tanteo, en un cucurucho de papel de estraza inclusive, la manteca de res porque el Tupperware no se conocía ni estaba en circulación, cuando mucho el pocillo o traste de peltre o una simple vasija de barro.
Existía el “pilón” que muchos años después un viejo lobo de mar millonario popularizó en campañas televisivas ganándose hartos millones. Eran otros tiempos, existía el crédito sin intereses en una simple libreta donde se anotaba lo que se iba comprando a diario para que luego el jefe de familia liquidara por semana, práctica que enterraba la sanguinaria “tienda de raya” que al paso del tiempo cantara Luis Pérez Meza en la melodía de protesta: “se me reventó el barzón” y sigue la yunta andando.
Los gobernantes eran tal vez igual de corruptos y deshonestos, pero al menos poco más decentes, tenían vergüenza que se les identificara como ladrones, aunque lo fueran y seguían pie juntillas la máxima de roba poco, pero haz mucho para que no se note. Tenían escrúpulos y el cinismo era defecto que convertían en virtud porque nunca lo exhibían y como los gatos, tapaban las heces para que nadie las notara.
Hoy, los hurtos y convertirse en millonarios indecentes es una competencia sin fin y lo importante es hacer dinero sin importar ser señalados porque pierden el decoro y no les importa verse como ricos nuevos como Samuel García que jamás ha negado su cuna de fortuna inexistente a mostrarse como el ranchero pobre que regresa de Gringolandia con la pick up más grande, extravagante y ruidosa con el mejor estéreo para que el pueblo de cuenta que ya no es el pobre que se fue, como cuando estrenó la Tesla de su fallido compadre Elon Musk que pintó de anaranjado para que la gente lo notara.
O como los jueces de la SCJN que les valió madre ser señalados además de neófitos, vulgares delincuentes que tenían que estrenar las camionetas alta gama de tres millones para que la gente entendiera que habían llegado los juristas del acordeón y de no haber sido por la sorpresiva congruencia de Claudia que “sugirió” devolverlas, hubieran seguido en el error ya que No tienen a quién rendirle cuentas, como el patán de Fernández carroña que por años ladró a los pies de su amo aplaudiendo vivir como franciscano y hoy viaja delante de la cortina en primera clase, tiene casa de campo y por supuesto NO vive en vecindad.
Los pillos son otros, pero el guion de la novela es el mismo; atiborra tus bolsillos porque los que se fueron, eran más ladrones que nosotros. Pero, el factor que no estaba en el tablero de ajedrez antiguo y que es el elemento que trae de cabeza a la señora presidente, es el señor de la cabellera dorada que no le tienen miedo, sino pánico y aunque siga con su cantaleta de la autonomía, el respeto y la soberanía, estamos más picoteados que una cáscara de naranja en un gallinero, teniendo noches sin conciliar el sueño hurgando cómo decirle al cocodrilo de Tabasco que ya NO puede enviar ayuda “humanitaria” a Cuba porque está sentenciada y de las detenciones por parte del FBI, mejor no diga nada, porque nadie se traga la pastilla que fueron los mexicanos los policías salvadores. MENDUENCIAS: nada más eso faltaba, Samuel buscando al cachanilla Guillermo Rentería comunicador del Bronco, para que le maneje la imagen y el PAN a Luis Yermak Torres que, si no se acuerdan, salió de TV Radio N.L. -28- por ladrón de un refrigerador y consumir Cannabis Indica en las instalaciones, claro protegido por un funcionario del gabinete ¡Que tristeza!
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