Es tu pie chiquitito, como un alfiletero… hermosos versos de un poema de antaño cantado entre enamorados que rompe con la dimensión de los zapatos del pobre diablo ministro presidente del TSJN Hugo Aguilar sacado por AMLO de una novela de Ismael Rodríguez mostrando que la dimensión de su cerebro es proporcionalmente idéntica al tamaño de sus pies acusando que le han quedado muy grandes los zapatos de alto servidor público.

La escena donde un par de esbirros asean el calzado al señor Aguilar no tiene parangón ni comparativa con la abyecta disciplina acostumbrada entre la clase política que aprende desde el besamanos en la recepción del pastor de un rebaño o en el simple ejercicio a posteriori de escuchar un informe.

La acción va más allá de la indigna y despreciable manifestación de hincarse para limpiarle los zapatos.      Es la aceptación del pueblo a tomarlo como parte de un ritual y una veneración que forma parte de la ruindad que tanto criticó la 4ª deformación y utilizó como plataforma de convencer que no eran iguales a los de antes.   Apenas nos habíamos tragado la pastilla de los acordeones y pasar la burla en la manera que los eligieron, tapando el vergonzante capítulo de la ministra pirata Yasmín Esquivel que robó la tesis y luego de evidenciar las pruebas sigue en funciones, le siguieron las camionetas blindadas que por “sugerencia” de colita de caballo regresaron y jamás han dicho cómo, cuánto y quién pagará el desembolso millonario.

Es frecuente se exhiba en medios los dislates, tropiezos y errores en la corte, por falta de interpretación y conocimiento de la ley en su aplicación quedando claro que no tienen la capacidad ni la sapiencia destacando Lenia Batres que no rebuzna porque no sabe la tonada, pero sí, mostrando un guardarropa excelso con prendas de marca con etiquetas que sobrepasan los estándares alto, alto, siendo las tiendas que visita con frecuencia las del barrio de Mazaryk, Polanco y Santa Fe.

Hay que entender, Hugo Aguilar es un mixteco oaxaqueño que aprendió pronto el arte de convertirse en show man con la suprema guía de su líder moral vecino de los pantanos de Tabasco, que aunque no lo quiera usted creer que son indios retraídos, sumisos y agazapados para nada, sí ladinos, que se les da mucho lo de la danza, los rituales, el humo, la barrida y el bastón de mando, pero lo que buscan es el tesoro de los ingenuos que compran el espectáculo como se lo compramos a cocodrilo y de tal manera, que le seguimos pagando pleitesía con la herencia maldita de su secretaria particular Claudia niña de mis ojos.

Queda como anillo al dedo el principio fundamental de la doctrina morena, 90% lealtad y lo que resta de capacidad, dejando en el olvido las otras jaculatorias de: no robar, no mentir y no traicionar, que enterraron a la también picuda y deleznable frase de no debe haber gobierno rico con pueblo pobre, es mejor que se haga la justicia, en los bueyes de mi compadre.

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