“Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos
la inmortalidad cometiendo algún error espectacular”
John Kenneth Galbraith
Tarde o temprano tenía que suceder. Alguien tendría que tomar la decisión de echar atrás la inútil, inoperante y descabellada idea de Luis Donaldo Colosio de cerrar el paso por debajo del Arco de la Independencia en Madero y Pino Suárez y retirar la plazoleta que mandó construir a su alrededor.
Dinero y tiempo perdidos. Dinero de los regiomontanos y tiempo de todos en una obra que no tenía ningún beneficio y cuyo sustento ficticio era el evitar accidentes, lo cual nunca ocurrió y lo único que consiguió fue complicar el ya de por si difícil tráfico de la zona.
Lo ha hecho la administración de Adrián de la Garza y obvio los bots naranjas le han tirado con todo en su intento de defender lo indefendible.
Adrián no se debe quedar corto y si ya inició la corrección de la inmensa serie de errores en la vialidad que promovió su antecesor, debe darle adelante y cancelar las ciclovías de Prolongación Washington y Prolongación Aramberri; debe devolver a su estado original el punto donde confluyen José Benítez, Belisario Domínguez y Alpes en el Obispado y dejar espacio para agilizar el tránsito, sobre todo si tomamos en cuenta que a una cuadra está el acceso de urgencias de un hospital.
Una vez demostrado que el proyecto de las banquetas ampliadas ha sido un fiasco y que sólo ha traído problemas y complicaciones, el Municipio debe devolver a su estado anterior calles como Modesto Arreola en el primer cuadro y debe, también, regresar a darle preferencia a la circulación de Padre Mier y Matamoros, retirando los estúpidos bordos y cambiando de nuevo los señalamientos de alto.
Para Colosio, visto está, la forma de reducir accidentes era que todo el mundo condujera más despacio, pero nunca pensó en el desperdicio de horas-hombre en los traslados, en el aumento en la contaminación ambiental y en los roces sociales que provocaría.
Y me pregunto, ¿habrá manera de cobrarle a Colosio sus metidas de pata?