“Es mejor debatir una cuestión sin resolverla, que resolver una cuestión sin debatirla”
Joseph Joubert

Seguramente herencia de mis ancestros, de siempre he tenido el gusto por las letras, la oratoria y la libre discusión de las ideas.

Me encanta discutir pero sin pelear, me alimenta el espíritu el defender una posición en base a argumentos frente a quien piensa distinto y hacerlo en un plano de respeto y civilidad, sin agredir, sin ofender, sin tratar de imponerte ni avasallar, sino de convencer y obligar al contrincante a pensar. No siempre se consigue el propósito y en más de una ocasión se han hecho entender que estaba en un error, lo cual también agradezco, pues me abre horizontes y amplía el conocimiento.

Conozco por fortuna a una buena cantidad de personas con las que frecuentemente me enfrasco en amplias charlas epistolares vía mensajes de texto o, cuando hay tiempo, en extensas llamadas telefónicas en las que nos planteamos posturas sobre temas relevantes de nuestro entorno, el país o el mundo o bien hasta de si alguna autoridad cumple o no con su función.

Pero que distinto es cuando intentas dialogar con seres humanos que no son capaces de aceptar otra verdad que no sea la propia; aunque en un principio la batalla puede resultar interesante, casi siempre al final ante la falta de sólidas ideas y el ir cerrando el paso casi sin dejar salida, las contrapartes terminen cayendo en el insulto y la descalificación, ahí se pierde todo el encanto.

Este es sin duda uno de los más graves problemas de nuestras autoridades en todos los niveles, que no saben, que no quieren, que no son capaces de aceptar un no como respuesta y que se empecinan en hacer las cosas bajo su propio concepto, sin aceptar siquiera ceder el más mínimo espacio, así sea este para mejorar su misma propuesta.

Gobernar debe ser el ejercicio conjunto en el que se anteponga el interés de todos por encima de cualquier otro propósito, pero cuando antes que nada se ubican los intereses políticos, económicos o de cualquier otra índole, todo termina saliendo mal.

Tendré que buscar con quién discutir si pudiese existir alguna manera de convencer a nuestros políticos de que juntos podemos lograr más que cuando se pierde más de la mitad del tiempo defendiendo sus ideas, en lugar de estirar parejo en un mismo sentido para ver avanzar a nuestra sociedad.

¿Hay alguien que se apunte al tema?